lunes 24 de marzo de 2008

Pensamientos





© Jesús Alejandro Godoy
En algún sitio, sé que descansan las sombras que dejé en algunos caminos que he recorrido, los aires que he exhalado y los amores que jamás he amado, o los que nunca me han correspondido. Sí, en algún instante de lo que he sido, vive aún alguna dádiva del tiempo que me ha correspondido, como esa presencia ausente, que ha sabido merecerse el hoy a sí misma, y que deja su historia para que los demás la hablen por las noches. He sido una aparente leyenda de discursos e ideas, una silueta recortada en la benevolencia de las sombras de los muertos, que me hablaban de sus yerros y sus aciertos. Sé que tal vez, he vivido en un tiempo que ha sabido abrigarme y adelantarse a mis pasos; y, sin embargo, yo no he sabido acompañarlo, porque ahora justamente que me despido de lo que tanto había anhelado, es que nacen los secretos de lo que siempre he sabido, pero jamás había intentado comprender. Soy y seré un descanso en las tinieblas de mis ciencias, que me han llevado a superarme; pero sólo eso fui. Un descanso en la carrera y un oasis dentro de un océano. Y todo lo que he tenido, no me ha llevado a comprender el porqué de lo que he sido; más todo lo que he dicho, todo lo que he construido, y todo lo que vivido, se guarda en este grano de arena. Seré tal vez, una cosecha de compendios y dictámenes, que ahora se va volviendo polvo bajo esta tierra que reclama el cuerpo donde he renacido, que si bien, era yo, no albergaba mi ser, sino, el pensamiento de lo que sido en este lugar. Tal vez haya sido un impostor de cielos y un causante de tormentas que ha cambiado los cielos; pero en sí, he sido sólo eso. Traté de crear algún hogar, en las promesas que había dejado bajo mi lengua, y elevar castillos de logros que guardaría bajo las fotografías viejas de mis padres, mis abuelos, y aquellos que me vieron crecer... Y fui una temible tempestad en la alegórica pérdida de sueños, un huracán de tiempo dentro del lodo de las pérdidas; fui sé, miles de caminos dentro de la perdición de algunos horizontes, y el señuelo perfecto para atraer lo peor de mi ser, y dejarlo perdido en aquel mar que se lleva su parte; por que aprendí luego, que el miedo nos hace perder todo, como el dragón que reclama víctimas para su fuego, y la lluvia que baila con las olas. Ahora, que realmente se inicia este juego, es que se despiertan los verdaderos demonios de esta cadena de eventos; y se ve, que los lugares que he andado, se renuevan; porque he aprendido, que cuando uno se estanca en algún sueño, los lugares se vuelven nostalgias, y cuando uno se hace a la mar en busca de nuevas aguas, los lugares se vuelven anécdotas que recordar con distintivo cariño o aprecio. Y fui un elemento básico e indispensable en el molino de las probabilidades; una gema indiscutible en la búsqueda de los tesoros más preciados, un ángel sustentado por alas de logros y un certero equilibrio entre todo lo que había soñado, y lo que algún día desaparecería en las manos del tiempo y los elementos. Fui un guerrero temerario, canto maravilloso de buenas nuevas.

Listín Diario - La República